miércoles, 25 de julio de 2007

Paris Hilton y David Beckham

Los avances telemáticos han transformado nuestros sistemas de referencia sociales. Es decir, a quiénes conocemos y a quién deseamos parecernos. Hace unas décadas nuestro mundo conocido era pequeño, pero hoy tenemos acceso a enormes cantidades de información muy diversa. La escasez de referencias externas, acerca de lo que no conocemos directamente, conllevaba una visión simplificada de la vida, a la par que misteriosa (por cuanto uno se imaginaba la cantidad de cosas que desconocía).

La exposición masiva a estímulos externos requiere necesariamente una orientación. Por primera vez, una parte significativa de la población de nuestro planeta está en disposición de elegir sus referencias. El problema no es el acceso, como hasta ahora, sino la selección de estímulos.

Los medios de comunicación, sujetos al poder de las leyes comerciales, ofrecen productos ya elaborados con alta capacidad para motivar, captando la atención de los ciudadanos, que aprendemos a fijar nuestras referencias... ¡Unas referencias tan reales! ¿Puede elegirse no ver la tele?, ¿Puede huirse de las campañas publicitarias? Claro que sí, pero ¿Cuál es la alternativa?

Accedemos a una nueva cultura que mezcla todo. Jamás en la historia la vida privada de las personas más populares ha sido tan pública, ni tan complejo el sistema de valores atribuidos a deportistas, actores, cantantes, periodistas o nada (personas a las que no se las conoce por ninguna profesión). Las preguntas de muchas personas se responden mirando a estos personajes. Sin embargo, lo público es simplemente ignorado, utilizado, como alternativa al intocable derecho privado de la propiedad.