viernes, 27 de julio de 2007

Tabú real

Iñaki Anasagasti ha abierto la veda. A raíz del polémico secuestro judicial de la portada de la revista “El jueves” de la semana pasada, en la que aparecían caricaturizados los príncipes de Asturias practicando sexo, parece que los vientos soplan en el terreno político. Primero la vicepresidenta poniendo en tela de juicio la medida dictada por el juez y ahora Anasagasti hablando alto y claro sobre su concepto de la familia real española y la monarquía en los tiempos que corren.

Es de suponer que el nacionalista ha entrado ya en esa etapa final en la dedicación de todo político en la que se suelta y dice claramente lo que hasta ese momento sólo los más allegados conocían y que públicamente se ha cuidado de difundir hasta ahora. Tilda de “pandilla de vagos” a los miembros de la familia real. Al margen del calificativo, es muy significativa esta opinión, pues la de un veterano parlamentario que viene a denunciar la existencia de un pacto de estado tácito en defensa de la corona y lo que la rodea. No sabemos si será cierto, pero ese rumor es popularmente histórico y ha hecho hincapié en el papel cómplice e interesado de los medios de comunicación.

El rey se constituyó hace más de 30 años en un símbolo del paso de la dictadura a la democracia, del personalismo absoluto al estado de derecho y la soberanía popular. Sin embargo en su persona se aúnan rasgos de ambas formas de gobierno: por un lado ostenta la jefatura del estado (como Franco, pero con un valor más representativo que otra cosa) y por otro lado la soberanía es popular. Lo cierto es que la figura del Rey (que no a Juan Carlos) no ha sido cuestionada nunca, al menos políticamente. Se ha ido forjando hasta rozar el mito su valor protagonista en algo a lo algunos siguen rindiendo adoración en los altares de la nueva España y que se dio en llamar "transición", ligando el papel del rey a la aparición de la constitución, a la unidad de España y al consenso nacional. Un Marco Aurelio contemporáneo, vaya.

Muchos españoles que nacieron y crecieron con Franco, que conservan la referencia personal de un jefe del estado, están acostumbrados a que haya alguien por encima, casi como garantía de que el estado no se resquebraja. Muchos no son monárquicos, pero alegan que Juan Carlos "se lo merece". Y hay que preguntarse ¿Depende la estabilidad democrática de España de la presencia de un rey? Si a estas alturas alguien piensa que sí yo le preguntaría ¿Qué idea tiene usted de España? Nuestro país no necesita tutores porque es un país con una fuerte convicción democrática, con los poderes bien diferenciados, con instituciones sólidas y con un alto nivel de descentralización del poder. Tarde o temprano habrá que plantearse seriamente lo que ahora plantea Anasagasti. La familia Real es buena para el sector más conservador de la prensa del corazón, da dividendos, pero ¿Qué dividendos le da a España?

Si los borbones de verdad viven en este siglo, ya se casan con plebeyos... ¿Por qué no se cuestionan ellos mismos su papel? La respuesta es clara: porque viven muy bien. Todos ellos y su corte, porque toda monarquía tiene su corte. Moderna, pero corte.