miércoles, 12 de septiembre de 2007

Josu Jon

El adiós de Josu Jon Imaz es una muy mala noticia. No abundan los políticos como él: coherentes, comprometidos y rectos. No es necesario coincidir con sus ideas (como es mi caso) para admirar su talla como líder, su capacidad, preparación y persistencia. Porque lo de Imaz ha sido una lucha continua contra el núcleo duro de su propio partido. Con su llegada se abrió la esperanza de contar con un PNV menos cerrado, más moderno y renovado. No fue nada sencillo convivir y al mismo tiempo derrotar a Egibar, auténtico delfín de Arzalluz.

Imaz es una persona que trasluce muchas virtudes. El diálogo, la sensibilidad hacia el ciudadano, el conocimiento, el trabajo, la planificación, e incluso (así lo creo aunque pueda parecer paradójico) la comprensión de la gestión política con sentido de Estado. Además, recordando a muchos de los que se perpetúan en sus cargos, ha demostrado que no necesita imperiosamente la política para vivir, ni precisa autocomplacerse por estar en primera línea política, es decir, mediática.

Pero ante todo da ejemplo. Da ejemplo de coherencia. Las disputas intestinas son malas para los partidos, pero existen como en cualquier colectivo humano organizado. Una persona puede aportar su disposición a la convivencia, pero no puede luchar contra los elementos. Él y muchas otras personas como él tenían un proyecto. Cuando no se puede trabajar es mejor que sean otros quienes saquen adelante los suyos antes de desgarrar las siglas... el tiempo dirá. El tiempo.