jueves, 1 de noviembre de 2007

La sentencia frente a El Mundo

Mucho se ha hablado en las últimas fechas sobre el Rey y los privilegios de los que goza por ser el jefe de Estado. Parece haber un consenso general en torno a la inconveniencia de abrir un debate al respecto ahora. Digamos que los dos grandes partidos están de acuerdo en respetar la constitución tal y como está en este sentido. Por lo tanto, se entiende que hay un cierto sentido de Estado en sus posturas, priorizando los problemas de la nación y dejando al margen un asunto, por ahora, menor.

Lo que llama la atención es comprobar como este “sentido de Estado” se restringe a asuntos tan concretos como ese y no otros tan importantes como el respeto a las decisiones que toma el poder judicial. Sin caer en la ingenuidad de pensar que la justicia y el poder ejecutivo son completamente independientes, hay que pedir que las decisiones de los jueces se respeten y no se reinterpreten de forma política.

Este es el caso de la sentencia del 11-M. Una más. El juicio mediático, promovido por la derecha política, ha pretendido hacer la competencia al juicio real, el único que cuenta. Una vez publicada la sentencia lo sigue pretendiendo. Se pone en duda la capacidad del juez para tomar decisiones y se alienta la tesis de que un periódico está mejor informado que todos los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado juntos. El PP ha llegado, en todo este proceso, a poner en tela de juicio a muchas instituciones fundamentales del Estado. ¿Piensan sus dirigentes que sembrar esas dudas no les va a pasar factura? A estas alturas bien deberían saber que sí. El pueblo se encargará de ello en las próximas elecciones generales. La gestión política de aquel atentado y su posterior indigestión les va a conducir a consolidar dos derrotas en las urnas. Necesitan pasar página y lo harán el 10 de marzo cuando Rajoy presente su dimisión al frente del partido. Se abren las apuestas.