domingo, 25 de noviembre de 2007

Volátil

El artículo de César Molinas en El País hace unas semanas está trayendo cola. “La izquierda volátil” se titula. En él, el autor asegura que con una alta participación en las urnas y con un porcentaje de voto bajo a IU, el PSOE ganaría las elecciones sin dificultades. Me consta que algunos impacientes ya se han apresurado a pedir el voto útil, como casi siempre. Un momento, ¿Por qué no pensamos un poco antes de hablar?
Lo que apunta Molinas no es ningún secreto. Si acaso desmitifica la figura del “votante de centro” como el que inclina la balanza.

Las personas que tienen claro que van a ir a votar son dos de cada tres. De ellas hay un porcentaje ligeramente superior que lo harán a la derecha. Sin embargo, del resto de ciudadanos que a lo mejor votan (uno de cada diez), son de izquierda y generalmente – coherentemente son exigentes. En el caso de que finalmente decidan emitir su voto ganaría siempre la izquierda. En otras palabras, el PP tiene lo que los expertos llaman un “suelo electoral” alto. Desde luego, que nadie se lo tome a mal, pero su electorado es menos exigente, porque ni en tiempos de crisis (y creo que ahora lo son para ellos) dejan de votar a “su” partido incondicionalmente. La izquierda es la única que se tiene que trabajar el voto.

Muchos ciudadanos viven las elecciones como si fueran partidos de fútbol. Si ya eres de uno no puedes ser del otro. No está bien visto eso de ser “chaquetero” y uno es de su equipo aunque pierda. Si acaso, que de todo hay, si tu equipo te da sinsabores (que no gana, vaya) te limitas a disimular tu apoyo, y crece el deseo de que el otro pierda. Es decir, el “mío” (candidato) es malo, pero el “otro”...es peor. Incluso, si es menester, se dice eso de “a mi me da igual porque son todos iguales” y se acabó. ¿Merece la pena que abramos un debate acerca de “Por qué a los ciudadanos no les interesan los programas electorales lo más mínimo”? Creo que no. No interesa.