jueves, 10 de enero de 2008

La corrupción


Si algo desmoraliza a los ciudadanos respecto al funcionamiento de nuestro sistema (basado en la ley) es la corrupción. No es difícil constatar que existe una conciencia, más o menos extendida, especialmente entre las personas menos jóvenes, basada en la idea de que la democracia es un negocio a modo de “mal necesario”ante el cual caben dos respuestas: por un lado la inhibición o abstención (“yo paso de la política y sobre todo de los políticos”) y por otro involucrarse con intención de percibir una parte de los beneficios que ocasiona el sistema y que disfrutan unos pocos “espabilados”. Viene a ser el “para que se lo lleven otros me lo llevo yo”. Las personas que piensan así lo hacen con un fuerte convencimiento. Consideran como ingenuos a quienes no se han dado cuenta de esa realidad y tienden a compadecerse de ellos, al tiempo que suelen considerar a los cargos públicos como las personas idóneas a las que pedir favores.

A colación del caso “Guateque” en el ayuntamiento de Madrid, la fiscalía reconoce grandes dificultades para DEMOSTRAR los delitos, viéndose en la obligación de proceder a pinchar teléfonos de funcionarios. Qué difícil es sacar a la luz la corrupción. ¿Es posible hacerlo? Creo que sería una buena idea debatir acerca de cómo poder conseguirlo. Pero antes habría que definir lo que es corrupción y lo que no, porque son muchos los que no asocian este concepto acciones que han sido aceptadas por la sociedad casi como consustanciales al ejercicio del poder. Nombraré sólo dos: aceptar regalos y nombrar cargos de libre designación sin ningún límite. Como veis no me meto mucho en el charco, pero prometo hacerlo dentro de unos días.