miércoles, 23 de enero de 2008

Un favor con otro se paga

Si alguna vez has tenido algún tipo de poder, me refiero a cualquier cosa cotidiana, compañeros que dependan de ti en el trabajo, algún cargo de responsabilidad... te habrás dado cuenta de que la gente te trata de forma diferente. Quieren que uses ese poder en su beneficio. Surgen los pelotas, la petición de favores, los regalos inesperados... ¡Qué detalle!

Ocupar la concejalía o la alcaldía de un municipio cualquiera (no hace falta que sea muy grande si sobre él se dan los intereses oportunos) conlleva ese poder. Por un lado el real, el derivado de las funciones que competen al cargo, y por otro el atribuido por la gente, que tiende a pensar que ese concejal o alcalde es poco menos que omnipotente dentro de su término municipal. La tentación es tan fuerte... Tiene tantos ceros a veces (ceros a la derecha, claro)

Pues bien. Agilizar o retrasar trámites (como licencias o expedientes sancionadores), impedir la tramitación de multas y sanciones, recomendar el uso preferente de servicios privados, evitar inspecciones o informes negativos, ayudar a algún conocido a acceder a un empleo público, transmitir información privilegiada, autoasignarse altas retribuciones, adjudicar obras a determinadas personas, comprar votos, cobrar comisiones urbanísticas por recalificación de terrenos o aceptar obsequios en señal de buena voluntad... y hacerlo a cambio de dinero u otro tipo de bienes ES CORRUPCIÓN, aunque a veces no lo parezca. Por cierto, a ver si mañana me paso por el ayuntamiento a ver si mi amigo...