sábado, 16 de febrero de 2008

NO ES LO MISMO

EL CIUDADANO PROGRESISTA
- Es crítico y exigente, empezando por mismo.
- Ha de convencerse, no es de los que siguen al rebaño.
- Cree en el Estado como forma de mejorar la sociedad.
- Es solidario.
- Lucha por la verdadera igualdad de oportunidades, para que el desarrollo de las personas no dependa sólo de dónde ni cómo nazcan.
- Es abierto a la experiencia.
- Es laico: defiende la libertad religiosa y su separación de los asuntos de Estado.
- Defiende los derechos humanos para todos, aunque sean asesinos.
- Disfruta de la variedad humana, considerándola una oportunidad de aprender.
- No discrimina a nadie por su orientación sexual, su religión, gustos... mientras no perturbe los derechos de nadie.
- Piensa siempre que lo mejor está por venir y que hay que pelear por ello.
- Sueña con un mundo en el que no sean necesarias las fronteras.

EL CIUDADANO CONSERVADOR
- Se entrega con disciplina a sus creencias y no las somete a revisión.
- Prefiere lo tradicional antes que arriesgarse a evolucionar.
- Le valen los argumentos más simples para hacerse una opinión.
- Defiende sus ideas como las únicas válidas.
- Desconfía del Estado, prefiere valerse por sí mismo.
- Emplea la caridad en vez de la solidaridad.
- Cree en la meritocracia social: Tienes lo que te mereces (clases sociales)
- Se cierra a la experiencia.
- A menudo su primera opción es aplicar la mano dura.
- Preferiría un mundo homogéneo. Le cuesta asumir la diversidad humana.
- Es partidario de las obligaciones antes que de los derechos.
- Piensa siempre que lo peor está por llegar y que más vale lo malo conocido.
- Es nacionalista y presume de patriota.
- Habitualmente sostiene que por encima de las leyes humanas están las divinas.