miércoles, 22 de octubre de 2008

La herencia del miedo

Iñaki Gabilondo ha dicho: "El espíritu de la transición se está convirtiendo en el último gran negocio del franquismo". Seguramente llevemos pensándolo treinta años, pero quizás es ahora el momento más propicio para recordarlo. En nuestro país se ha sacralizado ese periodo, se ha metido en una urna de cristal y se le rinde homenaje siempre que hay ocasión. La transición hace mucho tiempo que se convirtió en el paradigma de la corrección política. Es el argumento perfecto que algunos usan para cerrar debates que no interesa abrir jamás: la reforma de la constitución, la elaboración de algunas leyes, la supresión de la monarquía, el modelo territorial federal, el himno, la bandera...

Sin embargo, estudiar la transición y opinar sobre ella no es ningún pecado. En aquellos años España era un país atemorizado. El miedo de los herederos del franquismo a perder sus privilegios sociales, el miedo de los sectores que lucharon contra la dictadura a volver hacia atrás, y el miedo de muchos ciudadanos al conflicto social. Cuando todos tienen miedo es mas fácil llegar a un acuerdo. Nadie tenía una posición de poder como para negociar la situación empleando la amenaza del conflicto porque los españoles no lo hubieran permitido.

España se ha empeñado en mirar hacia delante y lo ha hecho con éxito, pero los mapas nos siguen situando en el mismo lugar. Pisamos el mismo terreno que entonces pero ya no tenemos tanto miedo a pensar que bajo nuestros pies están aún, malamente, los restos del odio. Esos restos tienen hijos y nietos que no quieren hacer daño a nadie. Se prefiere amenazar con que se abre una herida antes que reconocer la oportunidad de aprender. Nuestros hijos merecen heredar una España que no se avergüenza de su pasado y que no tiene complejos. Si heredan el miedo es que algo hemos hecho mal.