lunes, 3 de noviembre de 2008

El hombre, un lobo para el hombre

Nuestra vida está plagada de cambios. De ciclos cortos o largos que acaban configurando el resultado de nuestro paso por el mundo. Curiosamente, cuanto más mayores somos más pensamos en el futuro, cuando debería ser al revés. Con los años vamos siendo capaces de anticipar algunos de esos ciclos y prever sus consecuencias. Es lo que nos hace madurar. Aprendemos a seleccionar nuestras amistades, a tomar decisiones con más cautela, a no fiarnos sólo de la apariencia... Más sabe el zorro por viejo...

Esta crisis económica es un ejemplo de uno de esos ciclos. Poner el énfasis en el momento actual, dejarse influir por el efecto inmediato de las noticias diarias, puede conllevar un análisis sesgado. De este bache se saldrá como se ha salido de otros, si bien es cierto que tal vez, o al menos así lo espero, todo cambie después. Que el capitalismo deje de iluminar el egoísmo y dar argumento científico a la codicia y que las compañías acepten la necesidad de situarse como los agentes determinantes de promoción de bienestar social y no sólo de dividendos sin escrúpulos. ¿Es posible ese cambio de mentalidad? A veces las mejores soluciones sólo surgen de las mayores dificultades, como los mejores poemas nacen de las ruinas del corazón de quien las escribe. Reivindico mi derecho, en mi maltrecha ingenuidad, a soñar. El más humano de los derechos, si se me permite considerar.

¿Quién defiende a los pobres, quién a los indefensos y quién a aquellos con los que nadie se quiere mezclar?. No son rentables, ni económica ni políticamente. “La ambición de ganar más es la que mueve el mundo” me dice convencida una persona de 30 años cuyo único afán es ese: ganar más. “Así es la vida, y nunca cambiará”, asevera. Hemos aprendido a vivir sin Dios, pero ¿Cómo se puede vivir sin esperanza? Si se resquebraja la mía, que está siempre hipotecada, os lo haré saber.

1 comentario:

El Apóstata dijo...

Si han de ser los partidos y sus políticos los que nos cuiden...valgame Dios que volveré a creer en ÉL.