viernes, 30 de enero de 2009

El método León de la Riva (II): “Ole sus cojones”

Esta foto puede seguir ilustrando nuestro debate político si consideramos la pregunta: ¿Cómo valoramos la actitud del conductor? Es decir, ¿Cómo valoramos a los políticos que se pavonean de pasear por la linde del delito de forma permanente? Son muchos los detalles que habría que añadir para que la discusión fuera de provecho, o al menos muchos más de los que brinda una imagen estática. Si ampliáramos el encuadre y pudiéramos ver las circunstancias que rodean la escena todo sería más fácil. Así guiaríamos nuestro juicio en virtud de nuestros valores: la legalidad, el perjuicio común en contraposición al beneficio particular o la audacia frente al miedo a la multa. Sin embargo el encuadre viene determinado y no podemos cambiarlo, que es lo que pasa con los medios de comunicación.

Javier León ha tomado y sigue tomando muchas medidas contrarias a la ley y éstas tienen tratamiento que tienen en la prensa. Lo hace con el consecuente gasto para las arcas públicas, malgastando las energías del equipo jurídico municipal, pero sobre todo DANDO UN MAL EJEMPLO. El marco argumental que subyace a esta conducta es típicamente conservador y muy asentado en una parte de la población. Esa parte de la ciudadanía que recela del Estado, que nos sangra con impuestos para malgastarlos, de las leyes, que deberían estar hechas con sentido común y no pensando en los delincuentes, de la justicia, que es lenta y ciega con los hechos consumados. Esa parte de personas que puede permitirse el lujo de tentar a la suerte, a ver qué pasa y que además es devota de esta forma de actuar que les diferencia de los “pardillos”, que no son sino gente de más escasas miras. A saber “Yo voy a 180 Km/h porque quiero y puedo, y si me pillan... mala suerte: pago”, “Yo esto no lo declaro, que ya me quitan bastante”, “Yo aquí edifico ¿No lo ha hecho aquel?, pero a mí no me para la obra nadie”, “Yo aparco aquí ¿Qué hay línea amarilla? También hay señales, que yo no pago zona azul” Por eso quizás indulta a sus iguales y se pone en su lugar cuando tienen alguna multilla urbanística, que él sabe bien lo duro que es tratar de sacar proyectos honestos adelante con la justicia tocando las narices.

A los ojos de estas personas el alcalde es todo un emprendedor. Un tipo que se la juega (con pólvora ajena, claro) a ganar, que tiene que ser el más listo porque lo vale, pero cuidado, no lo hace por él, lo hace por todos nosotros; para que podamos tener los mejores servicios sin necesidad de molestias jurídicas y burocráticas. Los que están por la pulcritud legal en realidad son unos acojonados que ni creen en el progreso ni en la modernización de la ciudad. Hagamos una prueba y mandemos la foto a los amigos con la pregunta ¿Qué piensas del conductor de este vehículo? A ver cuántos nos contestan: “Ole sus cojones”.