viernes, 23 de enero de 2009

A mí no me engañas Mariano

De forma muy sincera me gustaría desearle al señor Rajoy una larga vida como presidente del PP. Si pudiera lo votaría anticipadamente para seguir al frente de su partido otro mandato más y después otro, y desde luego no me haría ninguna gracia que se insinuara la posibilidad de que otra persona ocupe su lugar como candidato a la Moncloa. Hasta el día de hoy no sólo está cumpliendo con las expectativas que tenía en él como jefe de la oposición, sino que no deja de sorprenderme. Llego a la conclusión de que el en fondo y aunque no lo parezca por su actitud en asuntos como el terrorismo, tras esa barba se esconde un estadista de primera. Lo que ocurre es que su estilo es especial, porque pasa desapercibido, no se atiene a las reglas de la explícita lealtad al gobierno, sino que disimula. Pero a mí no me engaña, yo sé que es de izquierdas y quiero que sepa que valoro mucho su contribución al refuerzo político de nuestro gobierno, especialmente en estos tiempos de crisis en los que las encuestas pueden mutarse en facturas y se hace tan necesario cerrar filas en la clase política.

¿Cuáles son los méritos de Mariano en este su servicio al progresismo? El primero y más importante es no haber dimitido tras perder las elecciones por segunda vez demostrando que es un auténtico líder. El segundo es haber modificado los estatutos de su partido para asegurarse de que el presidente es designado automáticamente candidato en las generales y así asegurar una buena oposición otros cuatro años. En tercer lugar ha fomentado el debate y la democracia interna en el partido hasta el punto de convertir al PSOE en un ejemplo de unidad nunca antes imaginado. Por otra parte, ha hecho todo lo posible para que ese debate se traslade a la opinión pública y así abrir una nueva campaña de marketing de las que tanto gustan en Génova; esta vez no hay cambio de color sino que las dos “P” del PP se separan: P P.

Finalmente hay que apuntar la valentía como signo inequívoco de su carácter político, pues ha tenido el valor para “tomar la iniciativa” en asuntos tan comprometidos con el del pacto con UPN o el affaire María San Gil – Ortega Lara, prescindir definitivamente de los servicios europeos del díscolo Mayor Oreja, condenar el inhumano ataque a Gaza, seguir defendiendo las tesis del partido republicano norteamericano tras la toma de posesión de Obama, ser explícitamente claro contra la red de espionaje entre sus vástagos de Madrid, seguir fotografiándose con el ínclito Carlos Fabra...