martes, 20 de enero de 2009

“Obama asesinado”

Hay apuestas a que este titular será realidad algún día, y ciertamente resulta inevitable temer por la vida de este hombre. Hoy toma posesión de su cargo en Washington en medio de un despliegue de seguridad completamente excepcional. Más de dos millones de personas estarán presentes en un acto que se celebra al aire libre. Quizás el cine influya demasiado en el subconsciente de todos nosotros cuando se apunta esta posibilidad e imaginamos francotiradores apostados en resquicios de ventanas, extraños artilugios para matar a lo 007 o asesinos disfrazados de fotógrafos o de policías dispuestos a matar en vivo y en directo dejando la secuencia para la posteridad. La trama que planteó Oliver Stone en JFK apunta en una dirección más compleja, la de la conspiración urdida por las instituciones más poderosas del Estado. Todo puede ser, la mente alcanza de sobra a concebir eso y más. Pero la propia realidad, como sabemos, supera la ficción, y hay quien ha aventurado la posibilidad de que se planeen ataques suicidas tipo 11-S. Los fantasmas salen a relucir en estas ocasiones.

Macabras quinielas aparte, el miedo está justificado. Barack Obama es ya un icono de nuestra sociedad con vocación de icono de la historia y nada más icónico que un mártir, como Martin Luther King o John Fidgerald Kennedy. Nada más lo convertiría en santo que morir antes de demostrar que es humano, antes de equivocarse y de recibir críticas, de ver desplomarse su nivel de popularidad.

¿Qué pasaría si fuera cierto?, ¿Qué ocurriría en el mundo si muere Obama dentro de unas horas? Nos íbamos a enterar de lo que es una crisis mundial. Seguramente ni el propio Obama es consciente de la expectación que levanta su nombramiento y el efecto anímico que va a producir en buena parte del planeta, cuyas expectativas, de no ser porque parten de la desesperación, parecerían infantiles. De él se espera nada menos y nada más que justicia y paz, y esa esperanza se propaga en un efecto dominó entre todos los millones y millones de seres humanos que necesitan ambas cosas y que siguen pensando que ser presidente de EE.UU. es lo mismo que ser presidente de La Tierra. Obama no transformará este mundo, ni cambiará la tendencia autodestructiva del ser humano, ni podrá cerrar todos los Guantánamos del globo, pero toda esta gente, pueblos enteros, verán cada nuevo amanecer de sus tristes vidas con más esperanza mientras Obama esté. Después, sólo se podrá rezar por él, que algo es.