jueves, 16 de abril de 2009

Europa está más lejos

El frenazo al desarrollo de la Unión Europea que supuso el “no” a la constitución de Francia e Irlanda se ha confirmado con el tiempo como un punto sin retorno. La confianza en las instituciones de la Unión, con el BCE a la cabeza, se ha desplomado. En tiempos de dificultad lo local cobra más relevancia: la gente guarda el dinero en casa, no viaja ni acude a los restaurantes, prefiere una copa en casa, dona menos a las ONG, y desde luego recela del Estado y de sus dirigentes, que parecen más mentirosos y manipuladores que nunca. Resurgen los nacionalismos, el pensamiento de que cualquier tiempo pasado fue mejor, las ganas de encontrar y ajusticiar a los responsables: ya sabéis a quiénes me refiero ¿Verdad?

Así llegan las elecciones europeas del 7 de junio. Qué pereza ir a votar ¿No? Se prevé una participación menor aún que en el referéndum de la constitución europea. Qué lejos queda Bruselas. Y entonces volvemos formular y a responder a las mismas preguntas de siempre ¿Para qué sirve Europa?, ¿Qué decisiones se van a tomar allí que solucionen mi situación o la de mí país? ¿Podré castigar al presidente si voto a la oposición?, etc.
Europa siempre se enfrenta a un reto pedagógico: enseñar a los ciudadanos sus virtudes. Esta vez lo tiene más difícil, pero en su seno se toman muchas de las medidas que condicionan nuestras vidas. Ya lo decía hace más de 20 años Antonio Ozores: “...ya somos europeos”, y estoy convencido de que para bien.
Para los curiosos, el de la foto es Alfred Wegener, autor de la teoría de la tectónica de placas.