miércoles, 25 de noviembre de 2009

De la naturaleza de la actividad política

No sería justo achacar sólo a la crisis el arraigo que en el seno de la sociedad tiene la idea de que la actividad política es una profesión en toda regla, y además una profesión muy lucrativa. Durante largos años hemos ido conociendo variopintos ejemplos de políticos que parecen haber interpretado esta noble DEDICACIÓN precisamente como eso, una carrera profesional. En muchos casos incluso planificada a largo plazo, hasta donde quepa hacerse. Todo ello dejando a un lado los casos demostrados de corrupción y también otras llamativas decisiones amparadas en la legalidad como generosas retribuciones autoadjudicadas, curiosas dietas y gastos a cuenta del erario público de todo pelaje y condición que encuentran siempre encuentran acomodo en algún tipo de asiento contable más o menos ambiguo.

Quizás resulte ingenuo, sea demasiado tarde y muy mal momento para promover campaña a favor de convencer a los ciudadanos de que su creencia responde a una generalización excesiva y que la política es en efecto lo que debe ser. Por eso es preferible trasladar la cuestión al otro lado y sondear si son los propios políticos quienes tienen asumida su condición de trabajadores a tiempo “más que completo” al servicio de la res pública pero sólo hasta “fin de obra”.

Mientras no dispongamos de una referencia legal que garantice una transparencia total de las gestiones, una retribución acorde a la entidad de las decisiones que deben tomarse en cada institución y cargo y unas penas equiparables al grado de responsabilidad que se tiene, mal andamos.