domingo, 9 de mayo de 2010

Plazas vacantes en cirugía

Cada vez es más evidente que no sólo estamos inmersos en una crisis económica global sino más bien en un proceso irreversible de transformación de nuestra forma de vida en el planeta. Un proceso sin referencias ni dueño, que se está produciendo en las conciencias de millones de ciudadanos.

Muchos esperábamos, quizás con más ingenuidad que otra cosa, pero desde el más estricto sentido común, que se abordaran profundos cambios estructurales en el funcionamiento de los mercados financieros. Cambios que sólo pueden acometerse desde el ámbito público y es por eso nuestro pesar. Ya sabemos que el capitalismo no admite arbitraje y jamás se someterá a los designios de los estados, a sus imposiciones legales, pero no sabíamos que los estados ni siquiera se planteaban que debían ser ellos quienes marcaran las reglas del juego. Parece que detrás las naciones ya no hubiera ciudadanos, sino sólo inversores y deudores. No se “refundará” pues el capitalismo, como pedía Sarkozy. Las grandes entidades financieras seguirán presidiendo el tribunal de cuentas de nuestras vidas, pero ahora ya no tienen que temer por sus pecados. Hemos aprendido que ya no hay quien los castigue. ¿Hemos aprendido?

Más allá, o quien sabe si en las mismas entrañas del poder hegemónico del dinero, algo se mueve o se moverá. No hay motivos para pensar que no sea así esta vez, porque siempre ha sido así, cada vez que la vida de las personas parecía quedar condenada a la injusticia sin esperanza. Sólo es una cuestión de tiempo, porque este sistema es insostenible y aquellos que sólo esperan que esta tormenta pase para volver a la barra libre se van a llevar un buen palo. El equipo de sabios que ayer presentó su informe para la comisión europea lo tiene muy claro. Curar el capitalismo es una cosa y transformarlo en otro sistema es otra. Pero ¿Quiénes son los cirujanos? La economía global no es compatible con la injusticia global y esta es la larga enfermedad de la que muchos mueren. Si sólo defendemos la protección social nos estaremos equivocando. Alguien tiene que extirpar lo que sirva y tener agallas para tirar el resto a la basura ¿Cómo? Silencio, escuchemos el murmullo.