lunes, 14 de junio de 2010

Crisis de fe


Vivimos tiempos de enorme trascendencia histórica. Lo que empezó pareciendo un cambio de tendencia económica se ha ido tornando en un cataclismo global con múltiples mutaciones según la naturaleza y las defensas de cada país. Muchas son las preguntas y más todavía las incertidumbres, pero hay algo que no cambia: todos necesitamos creer en algo. Una vez que gran parte de la humanidad ha descartado el atribuir todo (también las “crisis”) a causas divinas y se ha centrado en las humanas, es a las personas que gobiernan el planeta hacia quienes se dirigen las miradas. Pero he aquí la duda globalizada, ¿Quiénes son? ¿Hasta qué punto tienen los dirigentes políticos capacidad de maniobra frente a los dirigentes del mercado financiero?

La confianza en los sistemas democráticos, en los poderes de los estados, en sus instituciones y las personas que toman las decisiones en representación de todos vive una crisis sin parangón. No será así para quienes tienen claro el papel subsidiario de lo público sobre los mercados, como los estadounidenses, pero resulta demoledor para quienes llevamos décadas entregados al desarrollo del estado del bienestar como máxima. La dicotomía entre la inversión económica y la inversión social cobra ahora una relevancia nunca antes imaginada. ¿Es probable que desde ahora ninguna iniciativa política pueda ya escapar del criterio de rentabilidad económica? Si esto fuera así estaríamos abriendo una nueva etapa de la historia.

Si efectivamente Dios sigue sin ser de fiar y nuestros líderes no tienen el margen que imaginábamos para trabajar por un mundo más justo, sólo se puede esperar el caos o se puede aspirar a cambiar de sistema y yo me temo que alguien ya se está preparando para venderlo, aunque no sé aún cómo lo van a querer llamar para que no parezca lo que es. ¿Sabeis eso de que una mancha de mora con otra se quita? Pues eso, que no parece que el capitalismo se vaya a refundar finalmente en otra cosa que no sea el ultraliberalismo. Si queremos elegir entre eso y otra cosa, ya estamos tardando en ponernos también a pensar cómo lo vamos a vender, porque el tiempo pasa, la gente necesita creer y el viejo tío Sam se frota las manos pensando en que volverá a salirse con la suya. Dos tazas.

1 comentario:

Orlando Jusalet Chile en: Caminando Juntos hasta vencer... dijo...

Pensar en tio Sam es pensar en en alcón carniboro que vuela en las alturas. Solo que no debemos pensar de esa manera puesto que no todos los de esas tierra son iguales. Si estuvieramos de en su lugar seríamos iguales o peores... Un hombre hace muchos años nos enseñó algo... nos dijo que pidieramos a alguien que esta en los cielo que él llamaba "Mi padre" así elevó siete peticiones, tres directas a su padre y cuatro concernientes a la tierra. Dijo "Padre nuestro-1- que estas en los cielos santificado sea tu nombre-2- hágase tu voluntad -3-
asi en la tierra como en el cielo. Bueno las otras cuatro son refernetes a la tierra que, si eres cristiano debes saberlas. Desde ese punto de vista que caso tiene pedir mas cosas para la tierra... podemos pedir amor paz y felicidad que escapan al poder del hombre... chauuuuu
Nota: sigue escribiendo porque escribir es traspasar fronteras y alcansar felicidad............