miércoles, 8 de diciembre de 2010

Incertidumbre: oportunidad

Mientras alucino con el insondable calado del asunto Wikileaks, los pensamientos me acaban condenando sin remedio a los ámbitos más cercanos y que más tienen que ver con lo que me gusta, el comportamiento de las personas y la búsqueda de soluciones de largo alcance a sus problemas. Ningún otro campo como la política para ello, a pesar de los pesares. Pesares que al fin y al cabo sólo la hacen más atractiva, aún multiplicando riesgos y encareciendo facturas.

El diagnóstico dice que todo sigue apuntando a la crisis, luego todo a la incertidumbre. La tarea común de todo hijo de vecino, sometido a más o menos urgencias, es analizar los costes de la vida, agarrarse a una opinión sobre lo justo o injusto de las desigualdades entre colectivos y emitir un veredicto condenatorio. Eso y la imperiosa necesidad de que quede muy claro que “yo no soy tonto”.

Aunque tenga que afrontar el desafío histórico de reinventar sus formas, en este contexto la política fortalece su salud; sin embargo los políticos están avocados a elegir. Por un lado la opción de la “doctrina de la fe” que consiste en pedir, desde el púlpito, responsabilidad al pueblo para que esté a la altura y siga confiando en el sistema de representación actual. Por otro lado la opción de “al pan pan”, que implica mirar directamente a los ojos de la gente y decirle sin ambages qué puede y qué no puede hacer por solucionar sus problemas. El político es una persona y además debe parecerlo.