jueves, 11 de agosto de 2011

Pescar en el lío

A estas alturas de crisis es evidente que cuanto más devaluada está la política y menos confían los ciudadanos en los políticos y las administraciones públicas mejores resultados electorales consigue el PP. Cuanta más gente indignada decida no ejercer su derecho al voto más poder para Rajoy y su tropa. ¿Hasta dónde puede llegar entonces el interés de los representantes del PP en prestigiar la política y defender las instituciones?

El PP conoce bien esta ecuación y pesca en la desafección simplemente porque sus votantes son muy fieles y el resto no. No todos sus partidarios se sienten miembros de un “nosotros”, pero sí coinciden en la necesidad de juntar esfuerzos para doblegar a “los otros”, o lo que es lo mismo, apoyarán a cualquier equipo que pueda vencer al rival y eso les hace imbatibles en las actuales circunstancias.

Con el rodaje de nuestra democracia la derecha ha asumido con naturalidad que no puede alcanzar el gobierno si no divide. No puede aspirar a hacer políticas que benefician sobre todo al 5% de la población sin los votos del resto. Por eso saben dónde tienen que hurgar para convertir en razonables los motivos por los que una parte del 95% de la población, que depende de un salario para poder vivir, debe votar a su partido y favorecer los intereses de esa minoría.

Antes, cuando se asumía la pertenencia a la “clase obrera” como una distinción moral, se votaba por convicción. Ahora, paradójicamente, la consolidación del estado del bienestar y una amplia clase media ha ayudado a la derecha a degradar lo “obrero” y establecer una nueva escala de valores en la que cualquiera prefiere ser identificado como inversor o cliente antes que como trabajador. Así, el voto como herramienta de cambio queda devaluado.

Los trabajadores, desde los altos funcionarios o los autónomos de éxito hasta los desempleados, sencillamente somos más. Debemos superar ese complejo del clasismo que nos hemos tragado y recultivar nuestra autoestima colectiva poniendo en valor nuestra aportación decisiva a la comunidad. De lo contrario, si nos dejamos llevar por el camelo de que es viable vivir sin trabajar, todos acabaremos reconociendo que es mucho más cómodo ser de derechas.