viernes, 11 de noviembre de 2011

La dependencia natural

No depender de nadie es una aspiración utópica a la que los ricos se entregan con altas miras. Qué tentación tan irresistible debe ser la de crear un mundo aparte si tienes el suficiente dinero, tratar de invertir el orden natural en el que los cotos privados se supeditan al espacio superior, público.

Nadar en la abundancia es la causa de esa dulce enajenación, cuyo síntomas son la alergia y la amnesia social. Negarse a la mezcla y se olvidarse de que todos dependemos, más o menos, de los demás. De sus conocimientos, de sus servicios, de su voluntad.

En verdad ha de ser maravilloso no depender de un empleo para crear o mantener una familia, educar a tus hijos o recuperar la salud cuando se pierde, pero eso no impedirá que todo ello esté en manos de tus administradores, profesores o médicos.

Si para vivir dependes de un empleo o de tus clientes y lo pierdes, no olvides esto: Lo que queda es la solidaridad de tu comunidad, es la tuya. Defiéndela. Pelea por lo que quieres.