martes, 27 de diciembre de 2011

Para 2012 me pido...

Ya tenemos nuevo gobierno y respecto a él han crecido grandes expectativas de los ciudadanos para salir de esta crisis. Las áreas de Economía y Hacienda se han separado y hay que esperar a ver cómo negocian sus competencias sobre el terreno y especialmente quién marca la pauta de la estrategia. De Guindos y Montoro son respectivamente sus responsables, pero la coordinación entre ambos se la reserva el presidente del gobierno, lo cual no debería explicitarse, puesto que se da por hecho.

Lo que no está al alcance de estos nuevos titulares es cambiar las condiciones del pacto de estabilidad con la UE. No pueden alterar las condiciones del "contrato" que regula nuestro compromiso con Europa como socios. Tampoco pueden intervenir directamente en la matización de los objetivos de reducción de déficit. Es decir, no pueden decirle a la profesora que entregarán los deberes la semana que viene, y no tienen tiempo. No tenemos tiempo.

Por tanto, el margen de maniobra de España, pero también el de cualquier otro país miembro, es escaso. Lo hemos visto con el anterior gobierno, obligado a tomar medidas neoliberales por imposición a riesgo de ser expulsado de clase. La intención inicial de Zapatero de estimular la inversión pública fue a todas luces positiva, pero no pudo gozar de continuidad por esa imperiosa obligación de reducir déficit, a pesar de que Alemania no hiciera lo mismo.

La única fórmula viable para cumplir con lo marcado es una reducción de gastos brutal. Algo asumible en economías conservadoras con escasa protección social, pero suicida para nosotros. Si España reduce drásticamente su inversión pública el mercado de trabajo corre el peligro de colapsarse y el empleo estaría en manos casi exclusivas de las grandes empresas, que contarían con una masa ingente de profesionales entre los cuales reclutar a bajo coste. La supresión de ayudas sociales o la pérdida de derechos constituiría el remate final y el conflicto social estaría asegurado.

Pero esperemos que nada de esto ocurra. Por eso para el año nuevo pido que la confianza en la zona euro de los inversores se recupere, aunque sea por arte de magia, que el Banco Central Europeo haga por fin lo que tiene que hacer, que se apruebe una prórroga en los objetivos de déficit, que los consumidores dejen de temer por su futuro laboral y activen el consumo, que los gobernantes no escurran el bulto y asuman sus responsabilidades sin echar la culpa al de enfrente y que los ciudadanos se carguen de compromiso político, y puestos a pedir y para terminar, que los medios de comunicación sean más valientes y se independicen. Eso le pido al 2012. Si no se puede, me conformo con la salud, para todos. ¡Feliz año!