domingo, 29 de enero de 2012

Espejito espejito

Todavía siento extrañeza cuando alguien se dirige a mí como “político”. Aunque con distintos matices, ese tono con el que te hablan es fácil de detectar tanto en las personas más cercanas que conocen esta faceta de tu vida, como en quienes acabas de conocer y sólo tienen esa referencia de ti. Dicho así parece que lo de darse por aludido es algo natural que ya se pasará con el tiempo, pero en realidad es que no quiero darme por aludido. Me resisto a verme pegado a esa especie de etiqueta de “político” aún entendiendo que durante un tiempo no me vaya a quedar otra opción, al menos hasta que deje de ocupar el cargo de concejal del ayuntamiento de Valladolid para el que fui elegido hace ahora ocho meses. Porque aunque sigo diciendo que políticos somos todos, en esta ocasión me refiero sólo a los que podríamos llamar “profesionales”.

Desvelar tu cargo desbarata las mejores conversaciones. Que se conozca tu vinculación política aborta interesantísimas reflexiones, esas que se elaboran sin prejuicios, desde la pedagogía y el reconocimiento de los argumentos del otro por convencimiento espontáneo. Porque en la mayoría de los casos, si te calan se acabó, y el “político”, casi siempre tratado con respeto, pasa a ser visto como un presunto culpable: de distorsionar la realidad por interés, de manipular las palabras, de vender motos, de aspirar a dejar de ser un trabajador más para subir cuatro escalones de golpe en esa abstracta escalera de la distinción social.

En mi caso, si hay algo que me permite no verme tentado de vestir ese traje digamos de “profesional” de la política (que, dicho sea de paso, tan digno es como el que más y para mí el que más), es el hecho de hacerlo con dedicación parcial. Porque poder dedicarse a lo que entusiasma siempre es un privilegio, y así lo vivo yo, pero hacerlo sin perder el contacto con tu realidad profesional, sin dejarse atrapar por el enorme magnetismo de la política, supone para mí, hoy por hoy, un gran valor añadido y quiero pensar que me permite contrastar las cosas desde dentro y desde fuera. La ilusión de creer que esto es así realmente es la que me hace vivir esta experiencia con mentalidad de investigador. Intuyo que ha de ser apasionante poder dedicarle a la política todo tu tiempo, pero también peligroso porque si no se hila muy fino puede convertirte en un adicto, a perder vista y oído, y caer enfermo dependiente.

Por eso creo que es importante reconocerse en el espejo cada día y estoy contento de hacerlo, por el momento. Cada mañana sigo viendo al mismo indignado políticamente comprometido, al mismo “ingenuo” convencido de que hablando se puede entender la gente, a ese que no cree que su partido lo haga siempre todo bien y que el oponente lo haga todo siempre mal, al que te puede dar la razón si la llevas, al que no te suelta un sermón si eres de los que no vota porque está hasta las pelotas del sistema y al que no se enfada si le juzgas de antemano por saber que anda metido en “política”. Ya os contaré.

3 comentarios:

maria transito dijo...

Eres jenial Pedro nó cambies nunca,sigue pensando siempre así ,si todos los "Politicos" fueran como tú mejor nos iría.UN SALUDO COMPAÑERO

Pedro Herrero García dijo...

Gracias compañera

Anónimo dijo...

Dime de que presumes....