jueves, 22 de marzo de 2012

La unión hace la fuerza ¿No?

Dicen que la unión hace la fuerza, que un colectivo unido jamás es vencido; en política se apela con frecuencia a la unidad y al cierre de filas. Por algo será. Sin embargo, a juzgar por nuestro comportamiento como ciudadanos, esta tendencia a agruparse parece haber decaído frente al individualismo con el paso de los siglos y de los años hasta el punto de que es apreciable esta evolución en el transcurso de la vida de una sola persona o de una misma organización.

En cuanto tiene oportunidad el hombre parece preferir la soledad, la comodidad de la independencia y el lujo de la exclusividad. El compartir es no poseer, el ceder es perder, el convivir es soportar. Mucho esfuerzo y mucho que aguantar: mejor no. La unión llega más bien por la conciencia de debilidad, es decir, por necesidad y por tanto queda para los necesitados. ¿A este punto hemos llegado?

De esta manera el patrimonio público tiende a la orfandad. No es mío mi rellano, ni la rampa de mi garaje, tampoco mi ascensor. Son de la “comunidad”. No son de nadie las calles ni las plazas, ni las escuelas ni los hospitales. Resultan tan ajenas y tan virtuales las propiedades comunes, pongamos que hablo de “La Junta”, que no parece nuestro, aunque lo sea. Tan nuestro como el poder de cambiarlo si no olvidamos lo que dicen, eso de que la unión hace la fuerza.