domingo, 6 de mayo de 2012

Los políticos son unos privilegiados


Efectivamente, yo creo que la mayoría de las personas que se dedican a la política son unas privilegiadas. La política es una actividad trascendente y voluntaria en la que a nadie se obliga a participar. Además, el mero hecho de hacer algo que gusta mucho ya representa un privilegio. Sin embargo, lo que seguramente quieren significar los que usan esta expresión de forma lapidaria es más bien que “los que viven de la política son unos aprovechados”, que son cosas bien distintas y que sería bueno matizar para no caer en la comodidad de la generalización: “Los empresarios son...”, “los obispos son…”, “los jueces son…”, “los sindicalistas son…”… y así con todo.

Para empezar habrá que aclarar quiénes son “los que viven de la política” ¿Cabría concebir en esta categoría a todos los trabajadores de las Cortes, parlamentos, diputaciones, ayuntamientos y demás instituciones de carácter político?, ¿Son susceptibles de incluirse los magistrados y empleados del tribunal constitucional?, ¿Y quiénes elaboran el censo electoral o los periodistas que cubren u opinan sobre la actualidad política? En buena lógica, cabe suponer que esos que usan la expresión de forma lapidaria están pensando más bien en los cargos públicos, en los altos cargos, en los asesores, y especialmente en sus sueldos. De esta forma dejaríamos al margen a todos los militantes y cargos orgánicos de partidos políticos y a la inmensa mayoría de los concejales y alcaldes de los 8.116 ayuntamientos que hay en este país que o bien realizan sus funciones de forma altruista o bien perciben una cantidad simbólica por su labor, es decir, son “políticos” pero no viven de la política.

Vayamos ahora con los “aprovechados”. Serían aquellos que sacan partido de unas circunstancias en beneficio propio. Léase que se ganan el pan sin merecerlo. Esto nos lleva sobre todo al debate sobre los cargos de libre designación y a los sueldos. A mí me parece un abuso intolerable que con dinero público y por decisión particular se pague a personas para hacer funciones opacas o cuya utilidad no está justificada. Respecto a los sueldos estoy a favor de que se establezcan unos baremos según la responsabilidad y que no puedan ponerse “a la carta”. Creo que es justo que esas remuneraciones sean similares a las de los funcionarios de más alto rango de las instituciones siempre y cuando al mismo tiempo se obligue a una transparencia total de las cuentas y operaciones públicas y se endurezcan las leyes para castigar la corrupción, el cohecho, la prevaricación y el tráfico de influencias

Por lo demás y por lo general, trabajar con gente preparada, participar de la toma de decisiones que afectan (se pretende que de forma positiva) a los miembros de tu comunidad y poder aportar ideas a un programa para encaminar a la sociedad hacia los valores en los que crees, es sin duda un inmenso privilegio, o al menos así me lo parece a mí.