martes, 16 de octubre de 2012

Hautestontzietan justizia


El contorsionismo al que sometemos el lenguaje político ha permitido que cuajen en la opinión pública un ramillete de pequeñas teorías sobre la capacidad de las urnas para impartir justicia. Hay desde quienes se ciñen a esgrimir el escrutinio como nota de una legislatura, de la valía de una lista electoral, de la proyección de un programa o del ingenio de una campaña, a quienes llegan a defender el valor de los votos como sentencia absolutoria frente a las acusaciones de corrupción. De forma más genérica está mi favorita, resumida en esta frase: “Cada pueblo tiene el alcalde que se merece” que es digna de una tesis doctoral.

Como en otras facetas de la vida, en política quien vence no tiene por qué merecerlo, al menos a los ojos de quien no gana... A veces cuesta trabajo encontrar razones objetivas para justificar unos malos o buenos resultados que entrarían dentro de la más pura "lógica política", si es que existe. Gobernantes corruptos que revalidan mayorías absolutas, candidatos de incógnito que llegan y “besan el santo”, programas curradísimos que pasan desapercibidos, logros y promesas cumplidas sin reconocimiento, patadas en el culo… Así funciona esto. Si damos por bueno que los clientes siempre tienen razón, ¿también la tienen los votantes ?

Tengo la intuición de que si todos los españoles tuviéramos derecho a votar en las elecciones vascas Patxi López sería investido de nuevo lehendakari, pero eso, pronostican todos los sondeos, no sucederá, porque como es natural, quienes votan y así debe ser son los vascos y las vascas. Termina para ellos una legislatura en la que la paz ha llegado a Euskadi, la convivencia en las calles queda encaminada a una lenta pero prometedora normalización y la política ha recuperado su estatus. Cuatro años además, que han permitido testar la fortaleza del tejido industrial y empresarial del País Vasco, cuyo gobierno ha demostrado que existe una alternativa a los recortes del PP. También creo que los vascos y las vascas, más cultivados políticamente que la mayoría de nosotros, no van simplemente a premiar o castigar a sus políticos y partidos, sino que van a apostar por el futuro, y tienen todo el derecho del mundo a equivocarse y a acertar. Suerte. Zorte..., pero Patxi siempre podrá llevar la cabeza bien alta ¿Cuánto vale eso?