sábado, 27 de octubre de 2012

Los cimientos del PSOE


Dice el refrán que a perro flaco todo son pulgas, y así, rascándose, cuentan cada día que anda desazonado el PSOE. Malo es que desde dentro y desde fuera, unos con mejor intención que otros, proliferen tanto los diagnósticos sobre el origen de sus males como escaseen las propuestas concretas para su tratamiento, y me pregunto ¿Acaso la obviedad de las cifras, la subjetividad de las opiniones y las inevitables dosis de oportunismo al calor de la derrota no vienen sino a querer confundir la naturaleza de un asunto tan simple como la pura pugna entre quienes dirigen y quienes desean dirigir? ¿Acaso no ha sido siempre y así será en todas las organizaciones integradas por seres humanos?, o ¿hay algo más? ¿Es un debate de valores o más bien de estrategia?

Si algo hace temblar los cimientos de un partido es el debate ideológico y seguramente por ello hace ya muchos años que se apostó por primar la estabilidad de la organización y restringir el chequeo permanente los valores de acuerdo a los tiempos. En la política actual se ha impuesto la cantidad sobre la calidad, o lo que es lo mismo, la estrategia, sobre todo electoral, y a ella ha sabido adaptarse el PSOE con indudable éxito tras haber gobernado España durante 22 de los últimos 31 años. Una tendencia que sin las actualizaciones permanentes acaba haciendo sentirse al ciudadano como un mero consumidor. Supimos poner en valor la marca, aprendimos a medir y usar tiempos, estudiamos y difundimos con acierto algunos de nuestros mensajes, calculando ganancias y desafectos, siempre con los sondeos como brújula… y de ahí que los diagnósticos, a los que antes aludía, apunten ahora en doble sentido opuesto: el paulatino desvanecimiento de la identidad del PSOE frente a los errores estratégicos. Hablaré de los primeros.

Nada me parece más etéreo que abogar por que el PSOE vuelva a sus orígenes ¿Qué se demanda con esto exactamente? ¿Acaso hubiera simpatizado Pablo Iglesias con el partido que dejó Felipe González o con la gestión de Rodríguez Zapatero? Bien al contrario, si hay una clave que explique la hazaña de haber mantenido vigentes unas siglas durante 133 años, esa es la clarividencia de tomar decisiones asumiendo que el futuro nunca se gana con las fórmulas del pasado, y hoy en día menos. No es ese el problema sino parte de la solución. Nuestra sociedad y nuestra forma de vida evolucionan de forma tan compleja y a tal velocidad que los partidos tradicionales son incapaces de seguir e interpretar. En este escenario, agudizado por la depresión económica, si algo resulta absurdo es pretender achacar toda la responsabilidad de la situación a quien apenas lleva ocho meses elegido para ocupar la secretaría general. El tiempo que vivimos nos exigen altura y hemos de tener altura para bajar a los cimientos y reafirmarlos sin miedo ni desesperación.

El PSOE ha de encarar el futuro garantizando al ciudadano una defensa clara y contundente de sus valores intemporales:  la libertad, la igualdad y la solidaridad. Cada propuesta debe reflejarse inequívocamente en ellos. Al tiempo, con valentía, hay que innovar y ofrecer a la sociedad un nuevo modelo de partido y una nueva forma de entender la política donde primen la ética y la pedagogía. Un partido transparente y sobre todo útil. Nadie esperará que transformemos la realidad si no demostramos capacidad para cambiar antes nuestra propia organización. Ganarnos la confianza de los ciudadanos pasa sencillamente por que el partido sea reconocible por sus valores y sus representantes allí donde esté y que no esté donde no pueda garantizar que esto suceda.

En todas partes el PSOE debe defender a capa y espada un  Estado fuerte y confiable, que arbitre las relaciones de los mercados y poderes financieros con la sociedad, blindando los derechos de la ciudadanía. Apostando por Lo público como patrimonio de todos, con un sistema sanitario universal, gratuito y de máxima calidad. Luchando por el pleno empleo como fruto de una política económica con principios y enfocada a la cohesión social. Facilitando y flexibilizando la iniciativa privada a cambio de una absoluta responsabilidad social. Aplicando una fiscalidad progresiva y una recaudación eficaz al servicio del interés general. Invirtiendo sin reservas en el valor de la educación, el instrumento más eficaz para corregir las desigualdades de origen y cultivar la responsabilidad personal y social. Planteando el enfoque  internacionalista sin titubeos frente al nacionalista. Blindando la cultura como la máxima expresión de las virtudes del ser humano en sociedad. Desde la laicidad, garante de la libertad religiosa y la convivencia.

Si no tenemos claro esto de poco servirá que nos afanemos en las campañas, en los discursos y en la imagen. Afianzados los cimientos, más pronto que tarde una amplia mayoría social nos respaldará de nuevo porque los motivos sobran.