viernes, 12 de octubre de 2012

Militar

Militar en un partido político supone correr el riesgo, entre otros, de sucumbir a la tentación del partidismo. Resulta tan frecuente como perverso anteponer los intereses electorales a los de los ciudadanos y tratar de justificar las propias decisiones o posturas en función de las segundas y no de las primeras, que son a veces evidentes.

Pensar antes en los votos, los escaños y en la matemática del poder sólo desvirtúa el propio sentido del trabajo de los representantes de los ciudadanos en las instituciones. Calcular con algoritmos electorales las repercusiones de cada declaración, de cada posicionamiento o sentido de cada votación, de cada iniciativa o respuesta para alcanzar acuerdos pensando antes en contentar a los compañeros de bando que al conjunto de los vecinos representa una especulación política en toda regla, a la que por desgracia estamos más que acostumbrados.

Las instituciones se convierten así de forma paulatina en meros auditorios, solemnes contenedores de acuerdos y desacuerdos previsibles y ruedas de prensa vanas, escenario de papeles estereotipados repletos de frases hechas y respuestas típicas de una tal pobreza argumental que acaban conduciendo, tarde o temprano, a la duda ideológica y la falta de criterio ante lo inesperado y lo excepcional.

Uno de los asuntos en los que el partidismo se deja más notar es en el que tiene que ver con la organización territorial y competencial del Estado y los sentimientos de arraigo y apego de los ciudadanos. Un campo en el que mi partido, el PSOE, tiene tanto que enmendar como los demás partidos de implantación nacional, sobre todo PP e IU. Los planteamientos soberanistas o que aboguen por la primacía de los derechos de unos ciudadanos sobre otros por el mero hecho de residir en distinto territorio, sencillamente no puede tener cabida bajo nuestras siglas, siendo éste uno de los pilares ideológicos desde la fundación en 1879 y cuya esencia me parece intemporal e imperecedera.

La tibieza de los mensajes, la contradicción manifiesta, sólo genera confusión y nula rentabilidad electoral a largo plazo. El PSOE debe abanderar con firmeza la reivindicación de la solidaridad entre regiones y nacionalidades de España. Hacerlo además en un contexto de depresión económica como la que vivimos resulta obligado. Sencillamente mis conciudadanos de Valladolid y de Castilla y León merecen un régimen fiscal o un estatuto de autonomía como el que disfrutan otros españoles.

Disipar las desigualdades y aclarar el farragoso y polémico sistema actual de compensaciones nos hará más fuertes a todos y nos permitirá repensar las claves para mejorar Europa, cuyo modelo de integración ha sido muy positivo y nos ha permitido, como país y como comunidades autónomas, alcanzar en pocos años unos niveles de cohesión y convergencia que no podían soñar nuestros padres.

4 comentarios:

Sergio de la Torre dijo...

"Los planteamientos [...] que aboguen por la primacía de los derechos de unos ciudadanos sobre otros por el mero hecho de residir en distinto territorio..."

Los independentistas, los anti-independentistas y en general cualquier persona, se sentirá contraria a ese supuesto. El problema es precisamente ese.

Pedro Herrero García dijo...

Eso está en la Constitución, luego tal vez el problema esté en ella ¿A eso te refieres?

Sergio de la Torre dijo...

Desconozco si está explicitado de esa manera, pero voy más al fondo de la cuestión y es que es un argumento de doble filo

Pedro Herrero García dijo...

De cualquier forma es algo sencillo de medir. Los tributos, los precios públicos, el nivel de renta, salarios...