domingo, 20 de enero de 2013

Pringados y listos


Este país está lleno de chorizos y sinvergüenzas a todos los niveles y no todos son políticos...” decía ayer en Twitter un hombre con principios llamado Teo Lozano (@teolozano1) y tiene razón. La corrupción como actitud proviene de una distorsión del concepto, de lo qué es y qué no es “corrupción”, de dónde cada cual sitúa el límite ético en su comportamiento (también el privado) en comunidad, por eso la política representa el tuétano de la cuestión, pero estamos ante algo cultural. Me refiero a lo que explicaba en una entrada que hace ya tiempo publiqué en este blog titulada “El método León de la Riva (II): Ole sus cojones”.

Lo que más me alarma de la corrupción es que se asuma, que se acabe tragando aunque sea con resignación, que se ligue indisolublemente a la condición humana sin remedio, sin atisbo de esperanza en la educación ni la forja de principios éticos. Es terrible.

La ideología conservadora concibe el ejercicio del poder como consustancial a su naturaleza social superior y no quiere aspirar a ganárselo, lo reclama de padres a hijos como legítima herencia. Para los conservadores la política debe reflejar los privilegios de su clase y debe estar lejana del alcance de los ciudadanos, cuya ignorancia de lo ocurre en la trastienda les debe garantizar la ilusión y una cierta felicidad. Para ellos gobernar es mandar: procurar favores a unos pocos y caridad al resto para obtener la gratitud de todos y blindar su estatus.

Los conservadores tienen asumido que la vida es un teatro en el que el político es un hombre de negocios, como Berlusconi, que debe disfrazarse como Dios manda. Creen que hay dos tipos de personas: los pringados que guardan cola en el atasco y los listos que adelantan por el arcén y se te cuelan para salir los primeros… Son esos que en un apartado, sonriendo con paternalismo, pueden llegar a preguntarte ¿Y tú… eres de los pringados o de los listos? Y ahí empieza la asimilación de la corrupción; Nadie quiere ser un pringado: El honrado es un imbécil, tan bobo como el que hace caso al cura tras escuchar el sermón con devoción. Esa cultura abunda en nuestro país.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

“Este país está lleno de chorizos y sinvergüenzas a todos los niveles y no todos son políticos...”

Pues al ritmo que vamos, ningun@ va a quedar impune. Eso si, tod@s en la calle gozando de lo robado.

Anónimo dijo...

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