martes, 19 de marzo de 2013

La comunidad autónoma de España


La comunidad autónoma de España

¿Qué grado de autonomía tiene el gobierno de España para gestionar su política económica respecto a la Unión Europea? Una respuesta clara y contundente a esta pregunta es imprescindible no sólo para fijar una alternativa a la actual situación política, sino, sobre todo, para ajustar las expectativas de los ciudadanos, sumidos en la más absoluta incertidumbre. Nadie la da.

Cuando ya parecían superadas las intervenciones en Grecia, Irlanda y Portugal, la chapucera y peligrosa gestión del eurogrupo en Chipre reaviva el miedo de ahorradores e inversores, resucita los rumores de un rescate a España y levanta el vuelo de la mosca tras la oreja de la disolución del euro. Consigue todo lo contrario de lo que se necesita. La ciudadanía siente, por un lado, una profunda desconfianza al seguir sin saber quién pilota la nave, y por otro, una creciente hostilidad hacia las instituciones, pues tiene tiene asumido quienes salvarán su pellejo en caso de siniestro.

Hacer frente con pedagogía a esta cuestión no serviría sólo para calmar la opinión pública, que no sería poco, sería un ejercicio honestidad que permitiría fijar en el ideario colectivo un rumbo del que ahora no se tiene constancia. El proyecto de la Europa que abanderó Delors corre el peligro de venirse abajo sin apenas haber nacido por lo mismo de siempre: los intereses económicos y el nacionalismo, rectores de los destinos de nuestra moneda casi única.

Sin la posibilidad de influir en la política monetaria, sufriendo las devastadoras consecuencias de la actitud conservadora del Banco Central Europeo, al servicio de los intereses del Bundesbank y con la evidencia de que el Consejo Europeo ha asumido la dirección política de la UE en detrimento de la Comisión, de la mano de Merkel, la evidencia descubre una arquitectura institucional fallida, en la que el Parlamento es poco más que un crisol de intereses puramente nacionales en el que probablemente los euroescépticos ganarán espacio el año que viene.

Cualquiera a estas alturas alcanza a ver que Europa no es viable sin unidad política. En España, si las fuerzas políticas más importantes no alcanzan un consenso de mínimos y las todas las instituciones se comportan con lealtad al objetivo común, será muy difícil influir en el destino europeo. España será simplemente una Comunidad Autónoma resultado de la suma de otras comunidades autónomas. Si los partidos no piensan y actúan con mentalidad continental estarán a merced de sus tensiones internas. Si no hacen por cultivar el sentimiento de ciudadanía europea sucumbirán a su sectarismo territorial interno. Para ello hacen falta también políticos europeístas en la Unión, no embajadores nacionales al servicio sde unas siglas, sino de todos los europeos, fieles al principio de solidaridad. / Imagen: espaciojovensoria.es