lunes, 24 de junio de 2013

PSOE. Punto y principio.

Que ningún incondicional padezca en vano; la razón de ser del socialismo no morirá nunca. Perdurará mientras exista sociedad. Ahora bien, asunto distinto es el P.S.O.E. y más conviene que sus militantes no confundamos lo uno y lo otro sin darnos cuenta. Siempre habrá quien abandere  la lucha por la libertad, la igualdad y la solidaridad, y arrastre tras de sí tantos partidarios como meridiana sea la coherencia con que defienda sus principios. Porque una cosa son las siglas, otra las personas y otra las ideas, y sólo estas últimas son sustanciales.

Algo aún peor que la ceguera sería cuestionar lo evidente. Una parte importante de la ciudadanía ha abandonado o ha puesto en cuarentena su confianza en el P.S.O.E. (también en otros partidos, e incluso en todos) porque percibe precisamente esa desconexión entre fines y métodos. Entre el dicho y el hecho. Que no aprecia reflejo de creencias en los actos. Que no nos otorgan, en definitiva, la legitimidad necesaria para seguir sosteniendo esas banderas, siendo ese sin duda el peor síntoma que puede presentar un partido político.

El mal de otros, por peor que sea, sólo es consuelo de pobres. La espera de la alternancia es una opción indigna. El pueblo nos arrancará del todo los galones sin que medie homenaje alguno por la hoja de servicios, por los 134 años de historia, ni la maternidad por lo conseguido ni la gracia de la absolución de última hora nos librará. El mando será entregado a otros, valorados más capaces y hasta nuevo aviso. Punto y final. Y Todo pasará como pasa todo si no se hace nada para impedirlo. Luego punto y principio.

El Partido Socialista Obrero Español se enfrenta a su futuro, no para volver a gobernar, sino para ser o no ser y esa es la única cuestión. Da igual la cara dirigente si en la de todos no aflora una esencia, la verdad. Sin calculadora, sin más marketing que el propio ejemplo: trabajo, coherencia y honradez.

No somos quienes representamos al P.S.O.E. en las instituciones, sino todos los nuestros, todos los que tienen y tendrán que trabajar para ganarse la vida, los que le necesitan como hace mucho que no lo necesitaban. Son ellos los primeros que esperan una respuesta histórica. Para defender un modelo de país sin complejos en una Europa social. Para devolver la palabra a todos los españoles, para que decidan hacia dónde evolucionar nuestra constitución, qué sistema de gobierno prefieren, bajo qué condiciones les servimos y cómo aspirar a sentirnos orgullosos de él, en vez de asqueados, algún día no lejano. Hagámoslo como siempre, con cabeza, y también como nunca, sin ningún miedo.

2 comentarios:

francavelasco dijo...

Pues por fin lo he leído y chapó.

Esther dijo...

Tienes razón en muchas cosas de las que dices. El desencanto ha hecho mella de una manera muy muy profunda y la gente se está desentendiendo de la política y de los que la representan. Desgraciadamente, unos pocos han conseguido que queramos desvincularnos de todo lo que huela a políticos, tendiendo a generalizar, a pesar de que todavía queda honesta para trabajar por la sociedad, pero en estos momentos son invisibles, en el mejor de los casos.

Para lo que no tengo respuesta es que ocurrirá en el futuro, nadie nos da opciones, tampoco parece haberlas y no sé como vamos a salir de esta situación tan extremedamente dura.

Lo que sí es evidente es que los partidos políticos deberían hacer, como promueven algunos de sus afiliados,un acto de depuración y empezar de nuevo, con gente nueva, ilusionada,...

Un poco de esperanza, por favor.