jueves, 28 de noviembre de 2013

El triunfo individual

Si hay que compartir algo que sea el fracaso. Tan arraigada está esta máxima que bien podemos dar por consolidado el triunfo de la cultura del individualismo en nuestra sociedad. “Sociedad”, o lo que sea, porque Margaret Thatcher sabía muy bien lo que proclamaba con aquello de que “la sociedad no existe” y a día de hoy, al margen de la evolución de las tendencias políticas y de las decisiones de quienes las pilotan, su creciente legión de seguidores (conscientes e inconscientes) ha logrado que en la calle las causas comunes atufen a causas perdidas. Han conseguido que, sea lo que sea aquello por lo que usted lucha, tiene que saber tarde o temprano que, amigo, es solo “su problema”. Y lo más importante: “No nos líe a los demás”.

El ciudadano de a pie ha representado siempre, salvo organizado, un cero a la izquierda, y a título individual, por mucho que nos creamos eso de que la justicia es igual para todos, sigue sin valer nada, aunque luzca y aparente más que nunca. Sin embargo, los promotores del desprestigio de lo colectivo no repelen las ventajas de la unión y entonan en privado su particular “agrupémonos todos”. Ni rehúsan las alianzas estratégicas, ni las fusiones, ni los holding, ni los Bilderberg. Por si acaso, que nunca se sabe. Unidad y firmeza, pero sin asambleas.

Bastante tenemos el 99%, que mejor o peor, estamos abocados a ganarnos las lentejas con trabajo, con apilar razones para vanagloriamos de vivir mejor que nuestros abuelos a pesar de todo y sobre todo con destacar sobre el vecino ¿Qué se va a pensar el vecino oiga? Que me he sacado un máster en establecer escalitas virtuales de sinvergüenzas entre los nuestros como para andarme ocupando de "los otros", los del 1%. Eso no, que luego me llaman envidioso, y de ninguna manera, ¡quede bien claro que yo no envidio a nadie! Que una vez dormí en un cinco estrellas, tengo un empleo decente y en navidad abro un Vega Sicilia.


¡Claro que lo han conseguido! No tienen que insistir mucho para que ya no queramos ser de los nuestros…. ¡Tampoco lo necesitamos, gracias a Dios! Que hay gente que está mucho peor. Los nuestros son los débiles, los que pierden y por eso dan guerra... y yo estoy a otras cosas. Mire, estoy en otro nivel, más silencioso, más educado, más. Pero si hace falta escribir una tesis para validar las diferencias “naturales” entre trabajadores aquí está mi pluma, bien afilada, que en eso estoy doctorado. 

Siempre originó más conflictos discutir por el pan que por el champán.