lunes, 24 de marzo de 2014

La política y Adolfo Suárez

La figura de Adolfo Suárez aparece nítida en la primera foto política consciente que guardo, de momento, en el recuerdo. Supongo que algo parecido les ocurrirá a todas las personas de mi generación. Por esa razón es imposible haber podido configurar una opinión fundada del personaje y que haya tenido que venir haciéndolo, por puro gusto, a base de crónicas y reportajes con el paso de los años. Ejercicio de estudio que empuja a cualquiera, necesariamente, a transportarse al momento histórico y comprender el significado político de aquel tiempo, muy distinto del actual.

No me gustan los mitos. La admiración por algunas (o muchas) cualidades de alguien debe ir acompañada, para ser imparcial, de la asunción de sus defectos. Por eso no me gusta que a la hipocresía social ante la muerte, tan cultural nuestra, se sumen además los relatos encaminados precisamente a la construcción del mito, aunque entiendo que ese pueda ser el mayor anhelo de sus allegados.

Por esta razón no puedo evitar la tentación de aportar un granito al contrapeso de la crónica oficial. No para destacar sus decisiones equivocadas, que las tuvo, sino simplemente para poner de relieve la naturaleza de la actividad política, tan alejada como es en sus resultados de la sola voluntad individual de un ser humano por muy trascendente que nos queramos empeñar en pintarla.


Nadie con un mínimo sentido de la equidad puede discutir que Suárez jugó un papel clave en la historia de este país, pero nadie puede ignorar tampoco que fueron otros quienes le dieron esa posibilidad, y especialmente tres. Fernando Herrero Tejedor, que promocionó su carrera, Torcuato Fernández Miranda, que le propuso para ocupar la Secretaría general del Movimiento y Juan Carlos de Borbón, que le confió la formación del gobierno. Sin el impulso de esas tres manos los españoles nunca habrían podido votarle. Cuando la suerte de Suárez pasó a quedar en manos de un partido democrático y de la voluntad del pueblo, ambos tardaron poco en deshacerse de él. Que cada cual valore el significado.