lunes, 16 de febrero de 2015

El valor de decidir

Se habla mucho de la formación que tienen o deben tener los dirigentes políticos (ahora están de moda los politólogos), de su experiencia profesional o incluso del valor de sus orígenes familiares, pero muy poco sobre su capacidad para tomar decisiones. Es curioso, porque si algo pone de relieve la actividad política es precisamente esa habilidad, la de decidir.

Todos tomamos decisiones constantemente, la mayoría de ellas poco trascendentes, pero ¿Qué ocurre cuando las condiciones de vida de muchas personas, la actividad de las empresas o el estado del medio ambiente pueden verse afectados por esas decisiones? Ninguna utilidad prestan por sí mismos a los ciudadanos los títulos académicos, los méritos acreditados en el ámbito privado o la reputación de un apellido si no se acierta con las decisiones adecuadas.

Ahora bien, de igual modo que cometemos un error en dar por desarrollada esta cualidad entre quienes más estudios atesoran, otro tanto o más nos equivocaríamos al dar por hecho que nada tienen ambas que ver, porque en buena lógica, la formación ha debido de servir para pulir la capacidad natural de cada uno para tomar decisiones. Así al menos debería ser, si esa formación ha sido bien aprovechada.

Pero digo "pulir" porque resulta misión imposible tratar de enseñar a alguien a tomar decisiones políticas si no tiene un mínimo instinto ni claros los objetivos que persigue. Cuando ambas cosas se atesoran sólo falta la valentía y ésta nadie se la puede discutir a Pedro Sánchez. El nuevo secretario general del PSOE parece encarnar, a mi juicio, la mezcla perfecta. El tiempo lo dirá.